Administración, planeación y servicios profesionales diseñados para empresas mexicanas que necesitan estructura sin burocracia.
Conocer serviciosCada servicio resuelve un problema concreto de operación, administración o dirección.
Flujos de trabajo, control de gastos, seguimiento de indicadores y reportes ejecutivos para la dirección.
Planes de negocio a 12 meses con objetivos claros, presupuestos y métricas de seguimiento.
Nómina, proveedores, contratos y cumplimiento regulatorio para que la dirección se enfoque en crecer.
Archivo, expedientes digitales y procesos de evidencia para tener la documentación siempre al día.
Talleres sobre liderazgo operativo, gestión del tiempo y decisiones basadas en datos.
En 5 días revisamos tu operación y entregamos un reporte con 3 acciones de mayor impacto.
Un proceso claro con entregables definidos en cada fase. Sin sorpresas.
Revisión completa de nómina, proveedores, contratos vigentes y flujo de efectivo. Identificamos fugas, duplicidades y riesgos operativos. Entregable: reporte de hallazgos con prioridades.
Creamos tableros de seguimiento, formatos estandarizados, roles claros y mecanismos de evidencia. Todo adaptado al tamaño real de tu equipo, sin frameworks sobredimensionados.
Acompañamiento presencial o remoto para poner en marcha los nuevos procesos. Capacitamos al equipo, resolvemos fricción en tiempo real y ajustamos lo que haga falta sobre la marcha.
Ajustes finales, transferencia de conocimiento completa y entrega de manuales operativos. Tu equipo opera de forma independiente con los controles ya funcionando.
Herem nació de una necesidad real: las pymes en México necesitan estructura operativa sin pagar precios de Big Four ni adoptar frameworks que no les sirven.
Una agencia creativa con 12 personas en la colonia Roma gastaba 40 horas al mes solo en temas administrativos. La nómina tenía errores recurrentes, no había control real sobre proveedores y el director dedicaba la mitad de su semana a apagar incendios operativos en lugar de atender clientes.
Lo que hicimos:
Guías prácticas escritas desde la trinchera operativa, no desde la teoría.
Si diriges una empresa con entre 8 y 60 personas, probablemente llegas al lunes con la inercia del viernes. El correo se acumula, los grupos de WhatsApp ya tienen 40 mensajes sin leer y, antes de que te des cuenta, ya son las 11 de la mañana y no has revisado ni un solo número. Así es como las semanas se pierden.
El lunes no es solo el inicio de la semana laboral. Es el único momento donde todavía puedes corregir el rumbo antes de que un problema se convierta en crisis. Revisar cinco reportes concretos cada lunes por la mañana toma menos de 30 minutos y te da una ventaja enorme: tomar decisiones con datos reales, no con corazonadas.
Este es el reporte más importante y el que más pymes ignoran. No se trata de contabilidad sofisticada: es una foto simple de cuánto dinero tienes disponible, cuánto entra esta semana y cuánto sale. Si un lunes descubres que el miércoles no vas a poder cubrir la nómina, todavía tienes 48 horas para actuar. Si lo descubres el miércoles, ya estás en modo pánico.
El formato cabe en una hoja de cálculo básica:
| Concepto | Lunes | Miércoles | Viernes | Total semana |
|---|---|---|---|---|
| Saldo inicial | $185,000 | — | — | $185,000 |
| Ingresos cobrados | $42,000 | $28,000 | $15,000 | $85,000 |
| Egresos programados | −$18,000 | −$95,000 | −$12,000 | −$125,000 |
| Saldo disponible | $209,000 | $142,000 | $145,000 | $145,000 |
| Compromisos próximos 7 días | Nómina quincenal ($68,000), renta oficina ($22,000), proveedor imprenta ($14,500) | |||
Llena esta tabla cada lunes antes de las 10 a.m. Si el saldo proyectado al viernes queda por debajo de tu mínimo de operación (normalmente dos semanas de gastos fijos), ese día ya sabes que necesitas acelerar cobranza o renegociar algún pago.
¿Cuántos pedidos o proyectos prometiste entregar la semana pasada y cuántos realmente se entregaron a tiempo? El porcentaje de cumplimiento es un termómetro directo de la salud operativa. Si estás por debajo del 85%, algo está fallando en tu cadena: materia prima, capacidad, coordinación o simplemente promesas irreales del área comercial.
Lo que necesitas registrar cada lunes:
Si el mismo cliente aparece tres lunes seguidos en la lista de retrasos, el problema no es el cliente: es tu proceso.
El dinero que te deben es dinero que no tienes. Y mientras más tiempo pase, menos probable es que lo cobres. Este reporte divide la cartera vencida por antigüedad porque la urgencia de cobro cambia radicalmente con el tiempo:
Un lunes en el que tu cartera de 60+ días crece es un lunes en el que necesitas tomar una decisión incómoda pero necesaria.
No se trata de vigilar gente. Se trata de entender si tu capacidad instalada da para lo que estás prometiendo. Mide una sola unidad que tenga sentido para tu negocio: pedidos preparados por persona, tickets atendidos, metros cuadrados instalados, diseños entregados. Compáralo con la semana anterior.
Si la productividad baja dos semanas seguidas y el equipo es el mismo, busca la causa: ¿capacitación insuficiente? ¿Herramientas fallando? ¿Demasiadas interrupciones? La cifra no te da la respuesta, pero te dice exactamente dónde preguntar.
Cada semana algo sale mal. La diferencia entre una empresa que mejora y una que repite errores es si alguien registra qué pasó, por qué pasó y quién va a asegurarse de que no vuelva a pasar. El formato es simple: una línea por incidencia con cuatro columnas.
Si el lunes siguiente la acción correctiva no se ejecutó, ese tema vuelve a la lista. Así de simple, así de disciplinado.
Empieza con uno. El de flujo de efectivo. Cuando ya sea automático, agrega el segundo. En un mes vas a tener los cinco funcionando y vas a preguntarte cómo dirigías tu empresa sin ellos.
La pregunta no es si tercerizar es bueno o malo. La pregunta es si tu empresa, con su tamaño actual, sus recursos y su etapa de crecimiento, gana más teniendo esa función adentro o afuera. La respuesta cambia según el contexto, y pretender que una sola fórmula sirve para todos es la razón por la que tantas pymes toman mal esta decisión.
Vamos a ponerlo en términos prácticos con números reales.
Un responsable de administración interno con experiencia cuesta entre $18,000 y $28,000 mensuales de sueldo bruto. Súmale prestaciones, equipo, espacio, capacitación y el costo oculto de supervisarlo. Total real: entre $25,000 y $38,000 al mes. Un servicio de administración tercerizado para una empresa de ese tamaño puede costar entre $12,000 y $20,000 al mes, y viene con procesos ya probados, sin curva de aprendizaje.
Si hoy tu "administración" es el dueño haciendo transferencias desde su celular y una asistente que lleva el Excel de gastos, montar un área administrativa interna implica no solo contratar sino diseñar todo: formatos, flujos, controles, políticas. Un tercero ya tiene eso armado y lo adapta a tu empresa en semanas, no en meses.
Cuando estás abriendo una nueva sucursal, entrando a un mercado o cerrando un contrato grande, lo último que necesitas es estar entrevistando candidatos para el área administrativa. Tercerizar te compra tiempo para enfocarte en lo que genera ingresos.
Auditoría interna, diagnóstico fiscal, reestructura organizacional: son funciones que se necesitan intensamente por periodos cortos. Contratar a alguien de planta para algo que solo vas a usar 3 meses al año no tiene sentido económico.
Facturas, pagos a proveedores, movimientos de nómina, conciliaciones. Cuando el volumen es alto, el costo por transacción de un equipo interno baja y la velocidad de respuesta sube. Un tercero a esa escala empieza a ser más caro y más lento que alguien sentado en tu oficina.
Si tu diferenciador incluye tiempos de respuesta ultrarrápidos, personalización extrema o manejo de información sensible que no puedes compartir con externos, necesitas control directo. Ejemplo: una distribuidora farmacéutica donde el control de inventario y la trazabilidad son regulados por COFEPRIS.
A veces la persona indicada ya está en tu equipo pero hace "de todo un poco". En esos casos, no necesitas tercerizar: necesitas definir un puesto, darle herramientas y quitarle las tareas que no le corresponden.
| Factor | Tercerizar | Interno |
|---|---|---|
| Costo mensual estimado | $12,000 – $20,000 | $25,000 – $38,000 (costo total) |
| Nivel de control | Medio — depende de reportes y SLAs | Alto — supervisión directa diaria |
| Velocidad de respuesta | 24-48 horas para temas no urgentes | Inmediata dentro del horario laboral |
| Riesgo de dependencia | Medio-alto si no documentas procesos | Medio si la persona renuncia sin transferir |
| Escalabilidad | Alta — el proveedor absorbe crecimiento | Baja — cada salto requiere nueva contratación |
La junta semanal es la herramienta de gestión más barata que existe y, al mismo tiempo, la más desperdiciada. En la mayoría de las pymes que conocemos, las juntas duran dos horas, no tienen agenda, nadie toma notas y la mitad del equipo sale sin saber qué tiene que hacer diferente esa semana. Eso no es una junta: es un ritual que destruye productividad.
Vamos a arreglar eso. El siguiente formato está probado con más de 30 empresas y funciona para equipos de entre 4 y 15 personas. Toma exactamente 45 minutos. Ni uno más.
Porque cuando sabes que tienes una hora, la llenas. Cuando sabes que tienes 45 minutos, priorizas. La restricción de tiempo es la que genera disciplina. Además, 45 minutos dejan un respiro de 15 minutos antes de la siguiente actividad de cada participante, lo cual reduce la tentación de extender la junta "solo 5 minutitos más".
Cada participante tiene compromisos de la semana pasada registrados. Se revisan uno por uno con una sola pregunta: ¿se cumplió sí o no? No se acepta "está en proceso" ni "casi". Sí o no. Si no se cumplió, se registra y se decide en los minutos 15-30 si se vuelve a agendar o se cancela. Esta parte la puede dirigir cualquier persona del equipo, no necesariamente el director.
Aquí entran los 5 reportes que describimos en otro artículo: flujo de efectivo, cumplimiento de entregas, cartera vencida, productividad por equipo e incidencias operativas. Cada responsable presenta su número en máximo 2 minutos. Solo se reporta el dato y la variación respecto a la semana anterior. Si un número necesita discusión, se anota para los minutos 15-30. No se discute aquí, solo se reporta.
Antes de la junta, cada participante puede proponer temas. El moderador elige los 3 más urgentes. Cada tema tiene máximo 5 minutos. Se usa un cronómetro visible (el celular del moderador en la mesa, pantalla arriba). Cuando suenan los 5 minutos, hay tres opciones: se tomó una decisión y se pasa al siguiente tema; se necesitan datos que no están disponibles y se agenda una minijunta aparte con solo las personas relevantes; o se elimina del orden del día porque no es realmente urgente.
La regla más importante de este bloque: si un tema solo le importa a 2 personas de las 8 que están en la sala, no es tema de junta general. Es una conversación que esas 2 personas deben tener por separado.
Cada decisión tomada se convierte inmediatamente en un compromiso con tres datos: quién, qué, cuándo. "Vamos a revisar los costos de proveedores" no es un compromiso. "Carlos va a pedir 3 cotizaciones de papelería antes del jueves" sí lo es. La persona que toma nota registra cada compromiso en voz alta para que todos lo escuchen. Si alguien no está de acuerdo con el plazo, lo dice ahora, no el jueves cuando no alcanzó.
El moderador lee en voz alta la lista de compromisos nuevos. Cada persona confirma con un "sí" que entendió lo suyo. Antes de las 2 de la tarde de ese mismo día, el resumen escrito se envía por correo (no por WhatsApp, porque se pierde). El resumen tiene dos secciones: decisiones tomadas y compromisos con nombre y fecha.
No se trata de regañar. Se trata de hacer visible el incumplimiento. Cuando alguien no cumple un compromiso una semana, se registra. Cuando no cumple dos semanas seguidas, el director le pregunta en la junta —frente al equipo— si el compromiso es realista o si necesita ayuda. La presión del grupo funciona mejor que cualquier memo privado.
Si después de tres semanas el patrón continúa, es una conversación privada entre el director y esa persona. Pero casi nunca llega a tres semanas, porque nadie quiere ser la persona que consistentemente no cumple frente a sus compañeros.